temblar la noche, hacer pie en la orilla de la muerte claudicar ante el primer rayo de luz de cada mañana
el cuerpo, que quedó desnudo, sangra pide una tregua pero no puedo hacer nada por él sólo cargar, con profunda paciencia, sus partes despedazadas resistir su extrañeza intentar explicarle que lo hice habitar la mentira más rastrera resignarme a que no entienda, si al fin y al cabo yo tampoco...
pedirle a ella que por favor me limpie que limpie mi casa que quiero volver y no sé cómo que me muestre el camino de regreso
cargo otro tajo más en la espalda el más cobarde, el más traicionero
no puedo más que entregarme al Agua y que sea ella la que desprenda los pedazos de amor, esos que todavía tengo pegados y rogarle al Fuego que me purifique, aunque eso signifique quemarme viva